(Mientras te veo perderte entre la gente y se me escapa el subte me doy cuenta que estamos hechos para durar lo mismo que dura una historia de instagram. Creo que podría quererte y que seríamos una obra de arte jamás pintada, pero necesito más que chistes vacíos, paseos por el lago y un atardecer al que sacarle fotos. Te vas con los ojos pegados en tu celular y desearía que te voltearas a mirarme una última vez, pero no lo haces, se me encoge el corazón y me culpo a mí misma por pensar que serías diferente. Es gracioso. Pero siempre termino equivocada y recogiendo los pedazos de una historia de amor que no va para ningún lado.
El celular suena y ahí nos veo. Recostada sobre tu hombro, con los ojos cerrados y una sonrisa en los labios. Vos mirando para abajo, con estrellas en tus ojos y los hoyuelos suavemente marcados. Seríamos algo hermoso si no estuvieras tan preocupado por los ángulos, los marcos y los filtros, porque, cariño, yo creo que nos vemos bien sin filtros y con esas pequeñas imperfecciones que borraste con un par de aplicaciones.
Esa no soy yo. Así que acá vengo a pedirte que me des algo real, tus miedos o tus sueños, cualquier cosa; porque si esto es sólo para divertirnos un rato te pido que no le lleves a dar un paseo, no me digas palabras bonitas, no me regales libros, no me dediques canciones; porque si esto es solo para las historias de instagram no lo quiero.)